Naranjas en agosto y uvas en abril.

Hay que tener algo más de cuarenta años para acordarse de esta canción:

Advertencia a los hiperglucémicos, ésto puede alterar vuestros niveles de azúcar más que nuestras naranjas

Decía la canción que los besos de la amada son como comer naranjas en agosto y uvas en abril como ejemplos de cosas extraordinarias porque ambas frutas están fuera de temporada en España en esos meses.

No tan raro, porque alguna variedad tardía de naranja todavía puede tener fruto en agosto, pero pongámonos en septiembre. Podemos tener naranjitas dulces y sabrosas en septiembre sin traerlas de las antípodas.

El truco es similar al mismo que nos permite comer uvas en abril, sólo que no las llamamos uvas, las llamamos pasas.

Tiempo ha, cuando la temporada de la valencia-late terminaba en julio, por casa quedaban cajas de naranjas, ‘rebutjos’, que por tamaño o aspecto no eran bastante interesantes para los mercaderes de frutas.

Ahí comenzaba la magia de la fruta y el clima. El mejor sitio para guardar zumo de naranja es el interior de la corteza de una naranja. Mi abuelo por esas fechas extendía esas naranjas en el suelo de la ‘cambra’ de casa. La cambra era el espacio entre el techo de la casa y el tejado, bien aireado, siempre mantenía una temperatura relativamente fresca y un ambiente más seco que el exterior, para lo que puede ser el clima mediterráneo.

En esas condiciones, algunas se pudrían, pero las más simplemente se secaban en su corteza, pero mantenían el frescor de su zumo intacto en su interior.

En agosto o septiembre, esas naranjas tenían una piel naranja oscuro, casi marrón, acartonada, pero en su interior, el zumo era fresco y dulce en un proceso que había concentrado el azúcar al perder parte del agua que contenían y, tras un breve paso por la nevera, eran el refresco perfecto para las tórridas tardes de agosto en la finca.

La piel, al secarse, había perdido su amargor, por lo que se podía abrir de un mordisco y chupar directamente sin mediar ningún exprimidor en el proceso.

Estos conocimientos se me habían perdido en el baúl desastre de la infancia hasta constatar hace pocos días cómo el cajón que mantengo en mi casa de Madrid para los zumos mañaneros dura más de lo habitual. Lleva un mes en la cocina en un sitio bien aireado, disfrutando de la sequedad del clima de Madrid y apenas se han podrido una o dos de los veinte kilos que contiene.

Da la casualidad que el ambiente oscuro, bien aireado y seco de mi cocina es tan bueno o más para mis BesosNaranja como el clima de la ‘cambra’ de casa.

En esas condiciones pienso disfrutar de ellas hasta bien entrado agosto, incluso septiembre, hasta que los primeros anuncios del invierno nos traigan los besos del año que viene.

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